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Krug


Bodega Krug Hablar de Krug es hablar de arte y de paciencia. De todos los champagnes que se elaboran en Reims, ninguno tiene el carácter y la personalidad de Krug. Es el más famoso, el más demandado del mundo, el rey del champagne. Y no es para menos, porque este vino no sale de la bodega si no está sublime.

Es el lujo del terreno, de la uva y del tiempo. Algunas botellas esperan 18 años fermentando en la bodega para conseguir su característica única: un sabor suave, dulce, aterciopelado, expresión del concepto de excelencia.

En el mundo no hay restaurante de superlujo que no tenga Krug en su carta y la bodega es proveedora de la Casa Real Británica desde los tiempos de Jorge V.

Pero para llegar a ser de las mejores del mundo, sus botellas han tenido que recorrer un largo camino que empezó en 1843, cuando el maestro mezclador Johann Joseph Krug, ideó esa combinación que hoy es leyenda, sobre todo, porque han pasado seis generaciones sin interrupción sabiendo dar el toque individual y preciso al vino.

Todo se hace a mano, desde la vendimia hasta el periodo crucial del «assemblage» (el milagro de este champagne), pasando por un período de envejecimiento en barrica de roble francés (el único champagne que lo hace) antes de la segunda fermentación alcohólica en botella, donde puede estar hasta 18 años. El tiempo es su lujo, y se refleja en cada uno de sus presentaciones: Krug Grande Cuvée, Krug Rosé, Krug Vintage, Krug Collection y Krug Clos du Mesnil.